viernes, 12 de febrero de 2016

Historia de un beso

En la soledad de su habitación no deja de pensar en él, en sus manos acariciando su cara, sus ojos mirándole intensamente, sus labios húmedos y calientes sobre los suyos... Inconscientemente lleva sus dedos a su boca aún hinchada y sonríe. Hace solo media hora que se despidieron tras su primer beso.


Se conocían desde primaria. Habían conectado muy rápido, con esa facilidad que tienen los niños para establecer amistades aun sin haberse visto nunca antes. Rápidamente se hicieron inseparables y fueron pasando los años, uno tras otro mientras la amistad entre ellos crecía y crecía cada vez más. No era difícil verles juntos por la calle, jugando, riendo, corriendo...
Los años fueron pasando y se convirtieron, sin poder evitarlo, en la persona más importante del otro. Se contaban sus miedos, sus ilusiones, estudiaban juntos y cuando la adolescencia llegó siguieron compartiendo esa conexión especial. Se ayudaban con los problemas, las broncas con sus padres cuando se sentían incomprendidos y comenzaron las confesiones a altas horas de la noche, cuando nadie más les escuchaba y podían ser realmente ellos.
Una noche, hace ya unos días, cuando él llamó casi se le cayó el móvil de la cama. Los nervios invadían su cuerpo y algo en su estómago empezaba a moverse. No quería contestar, tenía miedo a lo que empezaba a sentir cuando hablaba con él, cuando le tenía cerca, así que dejó sonar el teléfono hasta que paró. Tuvo un par de minutos de tranquilidad hasta que volvió a sonar y por supuesto, era él. ¿Quién más iba a llamar a aquellas horas? Pero tampoco contestó esa vez.
Recibió un mensaje que leyó en silencio: "Supongo que estás durmiendo, tenía algo importante que hablar contigo, pero no te preocupes, puede esperar a mañana. Descansa." Y su corazón empezó a latir con más fuerza al pensar que estarían juntos y temiendo lo que él podría querer decirle. Últimamente estaba muy extraño, como distraído. A veces le encontraba con la mirada perdida en un punto en el horizonte y cuando le preguntaba en qué pensaba se ponía colorado. 'No -se dijo-, no es buena señal...'
Al día siguiente en el instituto se acercó a él y cuando le puso la mano en el hombro sintió como todo su cuerpo se estremecía, ¿le había asustado? Cuando se giró le dedicó una amplia sonrisa como si no hubiera pasado nada, pero sintió como se alejaba un poco.

-Hola, perdona por no contestar anoche.
-No te preocupes, otro día seré yo el que esté frito cuando me llames -su sonrisa no llegó hasta sus ojos, estaba claro que algo pasaba.
-¿Qué querías contarme?
-Oh, eso... No era nada importante, ya lo hablaremos en otro momento, ahora hay que entrar en clase.

Y se alejó a la carrera justo con el toque del timbre. Muy, muy extraño. ¿Desde cuando él era el primero en llegar a clase? Y cuando llegó confirmó sus sospechas, no le esperaba en el pupitre que ambos compartían, sino que se había sentado con ELLA, con Lucía. No había chica en clase más delgada, con ojos más verdes y con el pelo más sedoso y negro que el de ella. Su estómago se encogió al ver como él le sonreía a Lucía mientras le acercaba una goma. Sintió un dolor y un vacío que lo llenó todo y entonces lo supo: se había enamorado de él. ¿Y ahora qué iba a hacer? ¿Decírselo? ¡No, imposible! Por encima de todo no quería perder su amistad, pero necesitaba un tiempo para poder hacerse a la idea.
Aquel día se escondió en la biblioteca durante el recreo, él no iría por allí. Y a la salida del instituto no le esperó. En cuanto sonó el timbre salió prácticamente a la carrera, llamando la atención de todos, también la suya, pero no le importó. Corrió casi hasta llegar a casa, subió a su cuarto y se encerró allí. Al rato empezaron sus llamadas. Sabía que era él por la melodía, porque ni siquiera levantó la cabeza del escritorio, donde la tenía apoyada, escondida entre los brazos. A la sexta llamada se cansó.
Al rato su madre subió a decirle que Luis había llamado a casa, que no había insistido en que le pasaran la llamada, que simplemente quería asegurarse que estaba bien. Cuando levantó la cabeza ella pudo ver sus lágrimas y no hizo falta nada más, porque una madre conoce a sus hijos casi mejor que ellos mismos, así que simplemente se acercó y se sentó a su lado, le dijo que todo iría bien y se abrazaron.
Así pasaron los siguientes días. Llegaba tarde a clase y evitaba sentarse con él, se escabullía en los recreos y cuando sonaba el timbre salía a la carrera en dirección a su casa, donde se centraba en los deberes y en estudiar. No contestaba a sus llamadas, incluso empezó a colgarlas en cuanto empezaban a sonar. Leía sus mensajes, pero no contestaba a ninguno, solo esperaba que él lo dejase correr y que algún día dejase de doler tanto.
Al tercer día cesaron las llamadas, al cuarto los mensajes y al quinto el dolor que sentía en el pecho era tan grande que amenazaba con consumirlo todo a su alrededor. Había sido tan cobarde... No quería confesarle sus sentimientos por no perderle y al final se había alejado de él de una forma horrible perdiéndole de todos modos. Al sexto día llegó un mensaje “ESTOY CANSADO DE TODA ESTA MIERDA. VOY HACIA TU CASA Y NO VOY A IRME HASTA QUE HABLEMOS. TE LO DIGO NO PARA QUE HUYAS, SINO PARA QUE PUEDAS ACLARAR TUS IDEAS Y ME DIGAS DE UNA VEZ QUÉ COJONES PASA. SE ACABÓ CALLARSE LAS COSAS Y SER PACIENTE. HOY VOY A POR TODAS.” ¿Y aquello que significaba? ¿Venia dispuesto a romper su amistad? ¿A dejarlo todo claro por última vez? ‘¿Qué amistad? –pensó con amargura- si ya te has encargado de destruirla, ¿verdad?’

-Cariño, Luis está aquí, le he mandado al jardín de atrás y dice que no se irá hasta hablar contigo.
-Mamá, no quiero verle –bajó la vista-, la verdad es que no puedo...
-Mira –su madre se acercó a la ventana-, tiene tan mal aspecto como tú. ¿De verdad quieres haceros esto?
-Mamá... –no la comprendía o no quería comprenderla.
-Baja y habla con él.

Salió de su cuarto y bajó las escaleras con el corazón en un puño, ¿qué iba a decirle? ¿Tendría valor para confesarlo? ¿Y le escucharía hasta el final o se iría en cuanto intuyese lo que quería decirle? Cuando salió al jardín y él se giró en su dirección perdió todas las fuerzas que había acumulado. Tenía los ojos rojos ¿había estado llorando? No pudo decir nada porque él se le adelantó.

-¿A ti qué te pasa? –parecía fuera de sí- ¿Te has propuesto joderme la vida? ¿No te das cuenta de lo importante que eres para mí?
-Yo...
-¡No, cállate! Ahora vas a escucharme –se pasó la mano por el pelo-. ¿Te has dado cuenta, verdad? De mis sentimientos... No pensé que fueras a reaccionar así, me has decepcionado –parecía dolerle cada palabra que decia-. No esperaba que me correspondieses, pero al menos tu comprensión sí que la daba por sentado. Que pudiéramos seguir siendo amigos aunque yo me estuviese muriendo por besarte a cada instante...
-¿¡CÓMO!? –gritó más de lo esperado- ¿Qué tú quieres besarme a mí?
-Sí, has oído bien Santi –a su estómago volvieron las mariposas cuando escuchó su nombre en sus labios después de lo que había dicho-. Quiero besarte y no sabes el daño que me has hecho todos estos días con tu jodida indiferencia –estaba fuera de sí y aun así seguía conservando su atractivo-. Pero ya veo que eres como los demás, un machito que no puede soportar que otro chico esté enamorado de él. Si mi mejor amigo no puede aceptarme tal y como soy, cómo puedo esperar que...

No pudo continuar. Santi no sabe de dónde sacó el valor, cruzó la distancia que los separaba y le cogió por la cintura, pegándole por completo a él. No era su primer abrazo, ni mucho menos, pero fue completamente diferente. Sus frentes unidas, sus narices rozándose y respirando uno el aliento del otro.

—Santi...
—No digas nada Luis, solo hazlo, bésame... porque estar lejos de ti también ha sido un infierno para mí.


Y en su cama Santi sonríe al recordarlo todo otra vez. No le preocupan los demás, ni lo que puedan decir o pensar de ellos, porque sabe que juntos podrán afrontarlo todo. Él y Luis.

10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. El final es lo que hace diferente esta historia...

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  2. Me he enamorado. Al principio me parecía un poco más de lo mismo, pero al final me ha dado un vuelco el corazón, y ha conseguido encantarme con las últimas frases.

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    1. Muchísimas gracias, me alegra haberte sorprendido.

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  3. Me ha encantado!!! Que magia más bonita!!! Enhorabuena chiquitaaaa.

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  4. Que bonito Jan. Me ha gustado mucho.
    Me he puesto romanticona.
    ¡Felicidades!

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  5. Madre mía me has dejado 😳😳no me lo esperaba para nada ese final que historia tan bonita enhorabuena 😘😘

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    1. Me alegro mucho de haberte sorprendido y que te gustase la historia, quería hacer algo diferente...

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